Si le preguntas a Edith cómo hacer tortillas, es muy probable que te muestre una gran sonrisa y te muestre sus dos manos.

“Mira”, dice, levantando las dos palmas hacia el cielo, “mis manos son tan suaves, están completamente lisas; es como un exfoliante natural, simplemente trabajando cada día con tortillas”.

Comience su día en el restaurante Árbol, y encontrará a Edith la mayoría de los días de la semana mientras elabora magistralmente exquisitas tortillas en la barra de tortillas, ubicada al aire libre.

En Acapulco, dice, todas las tortillas eran de maíz blanco, pero aquí en Árbol, en Nayarit, muestra con orgullo maíces de todos los colores, desde rojos del tono del Cabernet, hasta morados, azules y blancos tradicionales que estallan de sabor en cada grano.

El maíz, como ella misma te dirá, es mucho más que un cultivo básico para muchas personas en México. Es una planta que da vida y una enorme fuente de orgullo, y cualquier agricultor que tenga maíz en su huerto está bendecido con una fortuna infinita.

La mayoría de las comidas en México, incluido el desayuno, incluyen tortillas de maíz que se usan para hacer sopes, empanadas, quesadillas o tacos, y como Edith te dirá mientras amasas masa, o pequeñas bolas redondas de masa, puedes saborear la diferencia, incluso sentirla, entre las tortillas hechas a mano y las que puedes encontrar en una tienda.

Edith señala que no hay nada artificial en las tortillas recién hechas a mano, sólo un poco de agua y masa hecha de maíz, sin mantequilla, sin gluten, sin aceite.

Y, aun con toda la alegría que siente al presentarles a sus invitados comida recién hecha que es orgullosamente parte de su cultura, Edith también admite que hay una parte de su trabajo que quizás ama más:

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Conrad Punta de Mita

@conradpuntademita